La luz se escapa, enciende, huye a prender más hogueras. La antorcha que abrazsará al mundo...

martes, septiembre 30, 2008

Placeres cotidianos: el Koinnor

No-no-no-no: esta entrada no se refiere a la simplificación de la vida hecha por Koinnor (llamado, a secas y vulgarmente, secarropas) ni a aquella sentencia pronunciada alguna vez por mi abuela mientras mi mamá asentía enérgicamente: "el lavarropas liberó a la mujer". De lo que quiero hablar es de un gusto que me acompaña desde chica y es el de haber acomodado debidamente la ropa en el estómago del secadorcito. Cuando empecé ambos teníamos más o menos la misma altura; ahora, él es un poco más alto. Hay dos maneras, según el manual (me encanta leer los manuales, así como los reversos del shampoo) de acomodar la ropa: haciendola un rollito y poniéndola como crema pastelera alrededor de una factura (perdón pero es que almorcé y no tengo postre!) o doblándola y acomodándola como quien está haciendo una valija. Pero.. uai! que es un arte, no sólo el acomodador del cine lleva arte!: si la ropa está mal acomodada, el secadorcito se balancea enojado, la ropa golpetea dentro y no gira. Si está más o menos acomodada, o sea un poco bien y un poco mal, empieza a girar pero no levanta vuelo, al tiempo que empieza a emitir unos sonidos cada vez más fuertes, lo cual indica que la cosa marcha mal. Entonces, acomodar la ropa en el Koinnor es el arte del equilibrio: hay que saber compensar un pantalón pesado con una camisa, una toalla con un buzo y, al igual que cuando uno arma la mochila para el campamento, lo pesado va abajo (pésima idea del señor que inventó las mochilas porque lo primero que necesitás es la toalla, después de chivar pateando la ruta porque nadie te levantó, en fin). Me encanta cuando el equilibrio es perfecto y los giros arrancan como un ronroneo que se eleva hasta hacerse sordo; esto pasa cuando alcanza su máxima velocidad. Y lo que es mejor, la mamá esta contenta porque la ayudaste, la ropa sale sequita aunque también puede tratarse de tu propia ropa y en realidad te estás ayudando a vos misma/o (ahorrando plata en el lavadero, por ser mi caso). A lo que nunca me anime todavía, y lo guardo como un misterio (en realidad me da respeto... o miedito?) es a abrir la tapa antes de que termine de girar...es como faltarle el respeto a su magia no?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me fastidia utilizar el secarropas!!!
Será porque el equilibrio es siempre precario, y nunca logro el balance dinámico que las fuerzas necesitan??? Admiro tu capacidad de disfrutar las pequeñas cosas de cada día...
DBA