La luz se escapa, enciende, huye a prender más hogueras. La antorcha que abrazsará al mundo...
viernes, enero 26, 2007
Fabrica de Opio
miércoles, enero 03, 2007
Agua, Parte I: bañarse
Hay momentos sublimes en los cuales nuestros sentimientos se escinden de nosotros para tomar forma y constituir una entidad independiente. Los hay también aquellos de tamaña confusión con uno mismo que generan una incomodidad indescriptible, quizás sólo asemejable (mi Word marca que esta palabra no existe) al acto de tomar un baño. No sé quien habrá hecho el estudio de mercado para los comerciales con mujeres perdiendo el tiempo entre la espuma pero es seguro que ninguna de todas ellas (nunca he visto un “ellos” entre las burbujas televisivas) han estado tan orgullosas como yo de haber logrado eximirme de bañarme en todas las ocasiones que he podido: viajes sin rumbo y sin compañía, o con compañía igual de mochilera como yo por la cordillera pegada al Sur (el agua de los lagos es muy fría para bañarse, esto hay que recordarlo). Y escribo esto desde dentro de mi bata de baño, un día domingo (siempre escribo los domingos, tengo los decibeles bajos) donde espero secarme mientras escribo; el taking a bath debería ser un gusto y no una medida cultural: la ducha es la institucionalización de un acto natural cual es el placer de dejarse fluir en un medio líquido. Dime cuánto te bañas y te diré quien eres: no soporto a la gente que parece bañar un hipopótamo.
“El agua calma” -declararían niños recién nacidos luego de cesar de hipear su primer llanto; el agua lava por fuera, los Ríos de Agua Viva limpian por dentro; se lleva la tristeza en las gotas que llueven desde nuestros ojos o explotan felices con las risotadas. La risa es agua, también y las mujeres sabemos fisiológicamente de qué se trata.
Recuerdan en mi familia que unas vacaciones de invierno, siendo yo de menos de
En este punto no hubo respuesta porque la respondente sobre el frío y los esquimales -temas que no eran de su competencia, igual, me hubiera gustado tener la oportunidad histórica de inventar la respuesta pero vedada esta pues- estaba ya corriendo hacia el agua a sacar a la pequeña foca (esa soy yo). Un periodista del pensamiento que se hizo presente en el lugar me tomó la siguiente declaración: “¡Pedo si estoy abdigada!”, que en el subtitulado también puede leerse como “¿Pada que me venimos a la playa si no nos vamos a meted?”.
En el fondo, yo tenía razón.
